viernes, 9 de febrero de 2018

SAN VALENTÍN, DÍSELO CON UNA NOVELA



Atrévete a hablarle de amor con historias que dejan huella.

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Wild miró el perfil de su mujer maldiciendo en silencio. Daría su vida por que lo amara, por que le dijera dos simples y cortas palabras, pero tan llenas de vida que de simples y de cortas no tenían nada. Imaginó a Amy pronunciando un susurrante «te amo», de manera lenta, curvando sus jugosos labios, acariciando el paladar y los dientes con su dulce lengua, articulando cada magnífica letra al tiempo que el aire se llenaba con la música celestial de su voz. Qué bonitas son las palabras cuando se sienten tatuadas en el alma; cuando se llevan escritas en el corazón; cuando resuenan en la cabeza desordenando cada pensamiento. Sí, qué bonitas son cuando se cosen unas a otras y se convierten en una gran manta cubriendo los cuerpos desnudos del frío invierno. Qué bonitas son cuando envuelven el amor de tanta pasión. Sin embargo, Will sabía que aquello era un sueño: ella jamás le murmuraría un «te quiero».

«Salvaje»






A casa… Había dicho a casa. La mujer tragó saliva. Hablaba como si fuera su mujer, como si estuvieran viviendo en un hogar, cuando en realidad él la había comprado por una semana y vivían provisionalmente en un hotel. Tales pensamientos la hicieron sentir incómoda e idiota, porque deseaba un cuento de hadas con final feliz. 
Varek se dio cuenta de la turbación de ella; aquella habitación era lo más parecido a un hogar, pero en realidad no lo era. Todo había cambiado, lo que en un principio se definió como una relación puramente carnal, un capricho, se había convertido en algo más; el curso natural de lo que empezaban a sentir daba fe de que ya no se trataba de algo sexual. Era mucho, mucho más. Aunque la palabra «amor» era la más adecuada para dar nombre a los sentimientos que ambos sentían, ninguno de los dos la había dicho. No obstante, a veces, las palabrás no había que expresarlas en voz alta, ya que las miradas, las sonrisas, las caricias… decían todo lo que un alma sentía. 

«Tu piel desnuda»























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